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lunes, 5 de octubre de 2026

PORTOSANTO - "Ten que haber un sitio para nós" (Ernie Records, 2026)


Anaís Fernández y Xoel Geada a las guitarras, Andrés Real al bajo, Simón Cuba a la batería y Nuno Pico al micro son la formación titular de PORTOSANTO. Los mismos que ya coincidieran en Oh Ayatollah (2016-2020) vuelven a apiñarse como banda puliendo su talentoso pop-rock con la madurez que dan los años y las tablas. El resultado es Ten que haber un sitio para nós (Ernie Records 2026), un álbum tan redondo como la ilustración de su portada.
  
El disco arranca con "Para sempre" y una intro con diálogos entrecruzados aparentemente random acompañando los primeros rasgueos guitarreros en leve in crescendo. Hasta que a los dos minutos y quince segundos esas mismas guitarras dan el primer golpe encima de la mesa. Luego ese <<É pa sempre>> se grabará a fuego en tu subconsciente. Perfecto corte iniciático en esta nueva etapa de los gallegos exponiendo que, por mucho que pase el tiempo y las cosas cambien, nadie <<poden separar o que o ruído xuntou>>.

"A verdade" va navegando entre melódicas guitarras, será una constante durante los treinta y seis minutos de audición total, hacia un estribillo que se dobla y que es la culminación de la carga poética de las letras de Nuno: <<E ó tempo: quédate neste momento. Déixame estar para sempre lonxe das penas do tempo, sentir todo o que é verdade. E ó tempo: quédate neste momento. Déixame estar para sempre lonxe das penas do tempo. Sentir que me vou co vento igual que do mar cara dentro. Déixame ser para sempre, que cada vez hai menos tempo e esa é toda a verdade>>.

Foto de Marta Alborés

La luminosa "Euforia" con ese adictivo <<chu, churu, chururu>> abriendo el estribillo convierte tres minutos y medio de escucha en un chute de reconstituyente anímico.

"Adelán imposible" es la más extensa del repertorio con sus cinco minutos y medio de honesta melancolía. Rematada por un virtuoso e incendiario solo de guitarra a partir de su ecuador arrastrando con ella a la sección rítmica para enmarcar uno de esos momentos que certifican que estamos ante un grupo descomunal.

"Ten que haber un sitio para nós" además de dar título al trabajo fue el single presentación del proyecto. Un riff guitarrero junto al bombo abre las puertas a este serio aspirante a himno generacional. El hacerte mayor viene a confirmarte que, aunque tengas tantas aspiraciones como decepciones, desojando la margarita te quedas con que el viaje es el camino.

La cara B del vinilo se inaugura con la estupenda "As cinzas" jugando al despiste por lo antagónico de su cadencia en relación a la sombría lírica. Llegado a este punto no puedo dejar de resaltar el regusto a The Strokes que se va desprendiendo durante la escucha y en especial en cortes como este. 

El cambio de rumbo de "Cineclube" en su minuto final es de aquellas cosas que confirman que PORTOSANTO pueden hacer lo que les de la gana y dejarnos ojipláticos del gusto.

El nervio guitarrero de "A caza de Dr. Xeada" nos lleva de la mano hacia otro de esos cortes estandartes de Ten que haber un sitio para nós. La tan nostálgica como encantadora "Vinte de agosto" (videoclip a pie de página) fue el segundo single avance del disco y por algo sería.

lunes, 28 de septiembre de 2026

JULIO DE LA ROSA - "Las malas hierbas" (Ernie Records, 2026)


JULIO DE LA ROSA (Jerez de la Frontera, 1972) lleva una de las carreras más estimulantes y prolíficas del siglo 21 protagonizado por un músico estatal. Ya empezó en el ocaso de la anterior centuria a dar muestras de su talento como integrante del grupo El Hombre Burbuja (1995-2002). Luego se afianzó en solitario alternando discos convencionales con bandas sonoras para películas y series, varias nominaciones al Goya incluidas, habiéndolo ganado en 2015 por La Isla Mínima. Un creador multidisciplinar ya que además de compositor, multi-instrumentista, cantante y productor discográfico toca otras facetas artísticas como la de escritor, fotógrafo, realizador, etc.

Las malas hierbas (Ernie Records, 2026) es su nuevo trabajo con título originado tras un entrañable suceso. Resulta que leyendo a su hija pequeña El libro de la selva apareció la frase «te enseñaré a reconocer todas las flores del mundo». Julio enseguida le incorporó un: "y también las malas hierbas". Algo así como el tic protector paternal siempre listo para activarse como un resorte. 

El disco circula entre el vínculo humano con las fricciones y sentimientos que se derivan. Abre su puerta con la fascinación de "Mala hierba", arreglos de cuerdas incluidos. Recelo y resquemor servido con fuerte carga poética, una que por su cadencia parece que más que cantada aquí es recitada o incluso rapeada. 

Foto de María López

"El no por delante" retrata la figura del hipócrita de turno con un clarinete omnipresente y la base rítmica repartiendo flow por los cuatro costados, incitando incluso a un apocado bailoteo. Nos ponemos el smoking que viene "Felonía" con ese sutil piano inyectando elegancia a otro corte exquisito del jerezano. Aunque se trate de una sugestiva balada no hay lugar para la distensión, la traición se huele en el ambiente.

Con este álbum de paso aprenderemos vocabulario, un dos por uno en toda regla, es el caso de "Pamema". Según el Diccionario de la Lengua Española la palabra se usa para hablar de algo sin importancia a lo que se da mucha atención. Bajo una coraza de luminosidad la canción esconde un relato rebosante de decepción.

Una "Perorata" es un discurso largo, denso e intrascendente. En lo referente al que fuera primer single avance del álbum, ni nos aburre ni nos molesta, todo lo contrario. Esos magnéticos sintes presentando el <<Para qué para qué para qué>> se marcan a fuego en el subconsciente. Brillante cierre para la cara A del vinilo, cinco cortes que mantienen la escucha en un nivel de excelencia.

En la intimista "La silla de las fieras" conmueve su agridulce naturaleza mientras que "Tempora de perdices" juega al despiste con esa disonancia entre los teclados brumosos y la vivaracha percusión. 

"La lata", con su grandilocuente inicio incorporado, transcurre por entre campos de euforia contenida arrancándonos de golpe la inquietud heredada de los anteriores cortes.
 
Su pareja Helena Goch colabora en la encantadora "Teruel" con esa base trip-hopera y arreglos orquestales armando un tema que lucha por creer en las segundas oportunidades.